En la primavera de mi 4º año, yo me dirigía a los Parvulitos de la mano de mi mamá y en el medio del trayecto de nuestra casa al parvulario nos encontramos a Maika. Cuando llegó a nuestra altura, mi madre le dijo:- Buenos días, Maika, ¡Que guapa vas, hoy! -
- Gracias, Doro - dijo Maika, casi ruborizada
- ¿Nos quieres acompañar al colé? - Sugirió mi madre
- ¡ Siiiiiiiiiiiii ! - Exclamó Maika con su alegría innata
Apenas acabó la exclamación yo le ofrecí mi mano que me quedaba libre y Maika la cogió y llegamos así los 3, mi madre, Maika e yo a los parvulitos, exactamente al pasillo de la entrada, donde mi madre nos dejó y estaba la Señorita Merche esperándonos para llevarnos a clase.
- ¡Buenos días, Santi, Maika y Doro! - dijo con su habitual entusiasmo.
A lo que Maika e yo respondimos al unísono:
- ¡Buenos días, Señorita Merche! -
- ¡Buenos días, Merche! - dijo mi madre después de nosotros dos.
- Aquí te los dejó, Merche -
- Vale, Doro - le dijo la Señorita Merche a mi madre.
- Chicos, ¿me esperáis dentro de clase mientras me despido a Doro? - dijo la Señorita Merche a los dos.
- ¡Siiiiiiiiiii, Señorita Merche! - dijimos los 2 muy obedientes.
Corrimos los 2 hacia la puerta amarilla de clase y entramos. Al entrar en clase nos sentamos en nuestras sillas mientras saludamos a todos nuestros compañeros. Me fije que había varios compañeros nuevos, en ese momento entró la Señorita Merche. La Señorita Merche se puso delante de su mesa y dijo:
- Chicos, hoy es un día muy especial para todos nosotros -
- ¿Por qué? - preguntamos todos a la vez.
- Porque tenemos a varios nuevos compañeros en clase - nos respondió la Señorita Merche.
La Señorita Merche entonces, llamó con un gesto a los compañeros nuevos de clase. Los nuevos compañeros se pusieron detrás de la Señorita Merche que dijo lo siguiente:
- Chicos, ¿presentaos de uno en uno, en frente de la clase? - Sugirió la Señorita Merche.
La primera en presentarse fue una niña morena pelo algo ondulado que llevaba recogido en una coleta y dijo:
- Hola a todos, mi nombre es Lis y tengo 4 años-
La Señorita Merche como veía que Lis era muy tímida y estaba nerviosa le preguntó:
- ¿Tus papás en que trabajan? -
- Mi mamá es dentista y mi papá es pescador en un barco - explicó mas tranquila la pequeña Lis.
- ¿Y tienes hermanos? - Siguió preguntando la Señorita Merche a Lis.
- Siiiiiiiiiii, dos hermanos mayores - Respondió Lis.
- Gracias, Lis por tu maravillosa presentación - le dijo la Señorita Merche.
- De nada, Señorita Merche - respondió Lis, mientras se sentaba de nuevo en su silla.
Mientras Lis se sentaba, la Señorita Merche, llamo a otra compañera nueva de clase, ella dio unos pasitos adelante de la Señorita Merche y dijo:
- Hola, me llamo Penélope Pelis, tengo 4 añitos también y me gusta mucho los animales, especialmente los perros y gatos - dijo con serenidad.
- Gracias, Penélope, ya puedes sentarte en tu silla - le ordenó la Señorita Merche con una agradable sonrisa en sus labios.
- Si, Señorita Merche - Respondió Penélope.
La Señorita Merche como era la hora del recreo dijo:
-Paramos con las presentaciones de vuestros nuevos compañeros de clase hasta después del recreo-
-Siiiiiiiiiiiii, Señorita Merche-
Acto seguido de nuestra efusiva respuesta salimos del aula hacia el patio para jugar, yo siempre lo hacía con Marka, Paloma y Bárbara al “pilla-pilla” por el cesped que teniamos después del patio cubierto. En otra parte del patio estaban Carlos y otros tres chicos jugando al “fútbol”, exactamente dando pases con la pelota entre ellos tres. Mientras Lis y Penélope Pelis estaban apoyadas en la pared de ladrillos grises un poco indiferentes a lo que pasaba a su alrededor, o sea a nosotros y a nuestras respectivas actividades en el patio y césped hablando entre ellas, mientras que yo le decía a las chicas lo siguiente:
-¿Qué raras son las dos chicas nuevas, verdad?-
-Si, Santi- dijieron las tres a la vez
-Voy a saludarlas, vego ahora- dije con sinceridad.
Con la excusa de beber agua me acerqué al grifo que había cerca del muro. Después de beber me dirijí hacia ellas dos para hablar con ellas. Lis y Penélope me miraron con cara de sorperesa que incluso se asustaron a la vez.
Para suavizar la tensión de la situación les invité a unos caramelos que tenía en mi bolsillo.-Hola, chicas, ¿Quereís unos caramelos?- Ofrecí gustosamente .
-Siiiiiiiii- dijeron las dos a la vez.
Entonces, Lis me pregunta:
-¿Son sin azúcar, verdad?-
-Siii, Lis-
-Te lo digo porque yo quiero cuidar mis dientes, porque quiero ser dientista como mi mamá, ¿sabes?- explicó Lis.
-Vale, Lis- contesté yo
Al pronunciar su nombre sonó el timbre que indicaba que había que volver a clase. Corrimos todos para nuestra clase e ya nos estaba esperando La Señorita Merche para seguir presentando a los nuevos alumnos. Nos sentamos en nuestras mesas y la Señorita Merche dijo:
-Chicos, vamos a seguir con las presentaciones de los nuevos amiguitos de clase, ¿vale?-
-Siiiiiiiiiii, Señorita Merche- dijimos todos a la vez.
Acto seguido, la Señorita Merche le hizo un gesto con su dedo indice derecho para que se acercase a una niña y esa niña, como despúes sabriamos era otra nueva alumna de clase. La niña se puso delante de la mesa de la Señorita Merche y empezó hablar:
-Hola a todos, me llamo Marisa. Tengo 5 años. Mi madre trabaja de limpiadora en un instituto cercano al pueblo y mi padre cuida a caballos- dijo muy tranquila.
-¿Que animales te gustan, Marisa?- le preguntó de repente la Señorita Merche.
-Pues, los perros y los caballos- dijo muy decidida.
-Ya puedes sentarte, Marisa- le dijo muy amable la Señorita Merche.
-Gracias, Señorita Merche- le respondió.
-¿Santi, quieres que te acompañe a tu casa cuando salgamos?-
-Siii-dije yo rapidamente.
Cuando pasaron algunos minutos sonó el timbre de salida de clase y cuando salimos a la puerta principal ya nos estaba esperando a Maika y a mi mi madre que le pregunté:
-¿Puede venir Maika con nosotros a casa?-
-Sii, pero antes vamos a un sitio, ¿vale?- respondió mi madre
-Vale- dijimos los dos al unisono.
El sitio en cuestión, era un pequeño parque con columpios, un balancín, un tobogán, y una rueda con asas, que a mi me encantaba montar en ella y coger velocidades de vertigo hasta al punto de marear. Todos aquellos artilugios para jugar nosotros estaban pintados de verde oscuro.
En el parque, ademas de las infraestructuras para jugar había árboles, césped y en frente de los árboles estaban situados algunos bancos metalicos para sentarse. Cuando los tres llegamos al parque Maika e yo fuimos directamente al balancín mientras mi madre se sentaba en un banco mientras nos veía jugar.
Cerca de nosotros había en otro banco estaba sentada una madre y en el césped un niño de unos 4 o 5 años. De repente oimos a la madre decir:
-Sergio, ven aqui que nos vamos para casa-
-No, estoy jugando- respondió Sergio.
De repente, Maika e yo vemos como la madre se levanta del banco y se dirige hacia donde estaba Sergio. Al mismo tiempo, que la madre iba hacia Sergio, yo me bajé del balancín y corrí hacia Sergio todo lo que pude para impedir que su madre le pegase. Pero no llegué a tiempo para parar la primera bofetada que fue suave.
-Vamos, te he dicho- grito la madre a Sergio.
. No- Dijo entre sollozos Sergio.
Al acabar de decir eso Sergio, la madre le iba a dar una segunda bofetada a Sergio en la cara pero paró de repente y creo que se asustó porque yo salí casi de la nada y me puse entre ella y Sergio y de pronto soltó:
-¡Ahhhhhhhh, sácate de ahí, niño!- Gritó en voz no demasiado alta.
-No, no quiero, señora- le respondí a la madre de Sergio.
-No me voy a apartar hasta que le dé un beso y un abrazo, ¿Vale?- proseguí yo.
-De acuerdo- accedió la madre de Sergio.
Poco a poco me fui apartando de entre los dos para que diera ese abrazo y el beso. La madre se agachó para abrazarlo y lo hizo y al oído le dijo:
-Sergio lo siento mucho. No va a pasar más, Lo juro- dijo entre lagrimas.
Mientras oía eso mi madre llamó a Maika que ya se desmontará del balancín y estaba sentada en el césped, observándolo toda la escena y a mi fuimos corriendo al lado de mi madre y nos dijo:
-¿Nos vamos?-
-Siiiiiiiiiiiii- dijimos los a la vez.
Pero al darle mi mano a mi madre, giré la cabeza hacia la dirección donde estaban Sergio y su madre y le guiñé un ojo a Sergio diciéndome a mi mismo: ¡Buen trabajo, Santi!
De regreso a casa le cogí un pequeño ramo de flores a Maika que nacían en mi callejón.